martes, 3 de febrero de 2009



A lo largo de las pasadas 2 semanas, la atención de The Lancet ha sido reclamada por numerosos médicos en relación con los eventos desesperados que están teniendo lugar en la Franja de Gaza.

Todo el mundo condena todo tipo de violencia dirigida a la población civil. Pero, en esta situación políticamente inflamatoria, la sensación abrumadora que hemos detectado en nuestros corresponsales –y reflejado en los Artículos Especiales de Jan McGirk, Mads Gilbert y Erik Fosse, el Comentario de Iain Chalmers, las cartas de David Worth y cols. y Rami Adbou y cols., y en el resto de artículos publicados en lancet.com– es que la violencia lanzada sobre Gaza se está cobrando un peaje injustificable sobre las poblaciones civiles.

Al menos 265 niños han sido asesinados hasta el momento, las infraestructuras sociales (edificios de Naciones Unidas, colegios e instalaciones gubernamentales) han sido duramente dañadas, y las normas acordadas internacionalmente sobre el comportamiento humanitario en situaciones de conflicto han sido infringidas.

Violación de las leyes
Hasta el momento, varias clínicas móviles y ambulancias han sido dañadas por los ataques israelíes, y cuando menos 6 médicos han sido asesinados. La proximidad de la batalla ha cerrado clínicas del Ministerio de Sanidad y hospitales. La legislación internacional exige que todo el personal médico y las instalaciones sean protegidos en todo momento, incluso durante un conflicto armado. Y los ataques sobre el personal o sobre las instalaciones constituyen una seria violación de estas leyes.

Muchos doctores están cubriendo en la actualidad turnos de 24 horas. Las ambulancias no resultan operativas dado su mal estado y a la ausencia de piezas de recambio. Los suministros de medicinas y anestésicos, así como el equipamiento hospitalario, las camas y el propio personal médico, son escasos. Las clínicas y hospitales han sufrido cortes en el suministro eléctrico, teniendo que recurrir a frágiles generadores de reserva. Muchas casas carecen de agua corriente. Todos los programas de vacunación, los laboratorios, el cuidado antenatal y los servicios sanitarios escolares han sido interrumpidos.

El Comité Internacional de la Cruz Roja (ICRC) ha solicitado el acceso urgente a la población civil herida. El ICRC también ha informado de que el ejército israelí no ha procurado asistencia a la población palestina necesitada de atención médica y ha impuesto demoras en el acceso de las ambulancias a los vecindarios bajo el fuego. Concretamente, el ICRC ha comunicado que “el ejército israelí no ha cumplido con su obligación acorde con la legislación humanitaria internacional de cuidar y evacuar a los heridos. Consideramos que el retraso a la hora de permitir la intervención de los servicios de rescate resulta inadmisible”.

Resulta difícil de creer que una nación democrática e internacionalmente respetada pueda autorizar tales enormes e indiscriminadas atrocidades humanas en un territorio ya sometido a un bloqueo naval y terrestre. A pesar de los ataques con cohetes de Hamás, la gran pérdida de vidas civiles y la destrucción del sistema sanitario de Gaza no tienen justificación y resultan desproporcionadas. El castigo colectivo de los ciudadanos de Gaza está generando una carga inmediata y espantosa de dolor y trauma sobre civiles inocentes. Unas acciones que contravienen la cuarta Convención de Ginebra.

Nos sentimos decepcionados por el silencio mostrado por las asociaciones médicas nacionales y los organismos profesionales de todo el mundo en respuesta a esta destrucción y dislocación de los servicios sanitarios. Sus líderes, a través de la inacción, son cómplices en una tragedia prevenible que puede traer consecuencias a largo plazo en la salud pública no sólo de Gaza, sino de toda la región.

“Nos sentimos decepcionados por el silencio mostrado por las asociaciones médicas nacionales y los organismos profesionales de todo el mundo en respuesta a esta destrucción y dislocación de los servicios sanitarios. Sus líderes, a través de la inacción, son cómplices en una tragedia prevenible que puede traer consecuencias a largo plazo en la salud pública no sólo de Gaza, sino de toda la región”

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